Crónica documentada · ocho capítulos

Historia del Parque Hundido

De la fábrica de ladrillos del siglo XIX al museo prehispánico al aire libre. Una crónica documentada del único parque de la CDMX que se metió en su propio cráter.

I.
Siglo XIX
Origen

La Compañía Ladrillera de la Nochebuena

El predio donde hoy se extiende el Parque Hundido perteneció en el siglo XIX a la Compañía Ladrillera de la Nochebuena. La fábrica producía ladrillos de barro cocido para la creciente capital y operaba con un sistema simple: extraer arcilla del propio suelo, cocerla en hornos, y comercializarla. Después de décadas de producción, la extracción dejó un pozo de varios metros de profundidad —el hueco que hoy ocupa el parque, según consigna Wikipedia y la cobertura de Infobae sobre el origen del sitio.

La compañía cerró sus operaciones en 1893. La extracción ya había transformado por completo la topografía del terreno: lo que antes era un llano agrícola al sur de la entonces pequeña Ciudad de México quedó convertido en un cuenco artificial, varios metros bajo la cota del entorno. Esa diferencia de cota nunca fue rellenada. Por eso el parque sigue —literalmente— hundido.

II.
1893 — primeras décadas del XX
Reforestación

El Bosque de la Nochebuena

Tras el cierre de la ladrillera, el predio fue reforestado. Se plantaron árboles para estabilizar el terreno y aprovechar el espacio resultante como espacio público de facto, antes incluso de que existiera una declaración formal. El sitio comenzó a conocerse popularmente como Bosque de la Nochebuena, mantenedor del nombre original de la fábrica.

Durante las primeras décadas del siglo XX, mientras la Ciudad de México crecía hacia el sur y se pavimentaba la Avenida de los Insurgentes —entonces llamada Calzada de los Insurgentes—, el Bosque de la Nochebuena funcionó como un remanso silvestre rodeado por nuevas colonias residenciales. Era un espacio sin mantenimiento formal, atravesado por los vecinos de las nacientes colonias del Valle, Insurgentes Mixcoac y Extremadura.

III.
Finales de los 1930
Formalización

Parque Escondido, Parque Hundido

A finales de la década de 1930, dentro del proceso modernizador de la capital y con la consolidación de las nuevas colonias circundantes, lo que era el Bosque de la Nochebuena se transformó formalmente en parque público. Comenzó a ser referido como Parque Escondido —por estar oculto bajo el nivel de la calle— y, más comúnmente, como Parque Hundido.

Esta etapa marcó la primera vez en que el sitio se reconoció oficialmente como espacio público de uso recreativo. Se sumaron senderos, bancas, jardines formales y una primera generación de mobiliario urbano. La administración quedó a cargo del entonces departamento del Distrito Federal.

IV.
Década de 1970
Dedicatoria

El nombre oficial: Luis Gonzaga Urbina

En la década de 1970, durante la administración federal del periodo, se decidió otorgar al parque su nombre oficial: Parque Luis Gonzaga Urbina, en honor al poeta mexicano. Urbina (Ciudad de México, 8 de febrero de 1864 — Madrid, 18 de noviembre de 1934) fue una figura de transición entre el romanticismo y el modernismo en la literatura mexicana, según la Enciclopedia de la Literatura en México y Wikipedia.

Urbina ejerció como secretario particular de Justo Sierra durante el periodo en que éste fue ministro de Instrucción Pública. En 1913 fue nombrado director de la Biblioteca Nacional de México, cargo que ocupó hasta 1915. Murió en Madrid en 1934 y, a fines de ese año, sus restos fueron trasladados a México y depositados en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Panteón de Dolores.

Aunque el nombre oficial es Parque Luis G. Urbina, el apodo "Hundido" se ha consolidado popularmente. Tanto Google Maps como las direcciones cotidianas registran ambos nombres. La nomenclatura completa figura en las entradas oficiales del Gobierno de la CDMX y del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

V.
1972
Patrimonio

El museo al aire libre y las seis culturas

En 1972 el Parque Hundido fue dotado de un programa permanente de exhibición arqueológica al aire libre: réplicas a tamaño real de piezas representativas de seis grandes culturas prehispánicas mexicanas, distribuidas a lo largo de las 9 hectáreas del parque y conectadas por seis rutas marcadas con líneas de colores en el suelo. Las culturas representadas son maya, zapoteca, olmeca, totonaca, huasteca y la región del altiplano central.

Las réplicas se elaboraron en fibra de vidrio —material entonces innovador para mobiliario público— y se montaron sobre bases de concreto reforzado. La idea fue acercar la diversidad de la herencia prehispánica al espacio cotidiano, sin obligar al visitante a entrar a una sala cerrada. El proyecto se inspiró en programas que el Museo Nacional de Antropología había impulsado en años previos.

Casi cinco décadas después, sólo se contabilizaron 38 piezas en pie. La colección original era más amplia. Las pérdidas se atribuyen al deterioro de la fibra de vidrio bajo intemperie, vandalismo y, en años recientes, decisiones de mantenimiento polémicas. Aun así, las piezas sobrevivientes incluyen cabezas colosales olmecas, estelas mayas, urnas funerarias zapotecas, deidades del altiplano y referencias arquitectónicas totonacas.

El recorrido completo por las seis rutas toma aproximadamente una hora; cada línea de color guía un circuito cultural específico. Junto al museo, el parque cuenta con un anfiteatro al aire libre, canchas de frontón / jai-alai, fuentes ornamentales y un audiovideorama —espacio audiovisual originalmente diseñado para presentaciones culturales.

VI.
Siglo XX
Símbolo

El reloj floral de Zacatlán

El reloj floral del Parque Hundido es uno de los íconos visuales más reconocibles del lugar y de Avenida Insurgentes Sur. Mide 10 metros de diámetro y la carátula es un macizo de plantas vivas que requiere mantenimiento horticultural permanente.

Lo construyó Relojes Centenario, la casa relojera fundada en 1918 en Zacatlán de las Manzanas, Puebla, que es pionera en relojes monumentales en América Latina. La empresa ha producido relojes para plazas, edificios públicos y parques en buena parte de México y mantiene su sede original en Zacatlán, donde opera además un museo del tiempo abierto al público.

El mecanismo combina precisión cronométrica con tolerancia para condiciones a la intemperie: viento, lluvia, polvo. El reemplazo estacional de las plantas sostiene la cobertura completa de la carátula, aunque las variedades empleadas tienen ciclos cortos. La pieza se ha vuelto referencia gráfica del propio parque y aparece en buena parte del material turístico de la alcaldía Benito Juárez.

VII.
2024
Polémica

El repintado de las réplicas

En 2024 el medio Libre en el Sur documentó una intervención de la alcaldía Benito Juárez sobre las réplicas prehispánicas: pintadas con esmaltes de color brillante en lo que la administración describió como mantenimiento. Especialistas en patrimonio y vecinos cuestionaron la decisión por considerar que altera el aspecto original del museo-jardín arqueológico —el único de su tipo en la CDMX.

La crítica se centró en que la pintura no respeta los acabados originales con que las réplicas fueron concebidas en 1972. Las piezas arqueológicas reales no presentan los colores aplicados; el repintado introduce un componente cromático ajeno a la museografía original.

Hasta la fecha de publicación de este reportaje, no se ha emitido un plan de restauración formal. La discusión sobre cómo conservar el conjunto —dada la pérdida progresiva de piezas y el deterioro de la fibra de vidrio— sigue abierta entre la alcaldía, especialistas y vecinos del Valle, Insurgentes Mixcoac y Extremadura.

VIII.
2020s
Hoy

Operación, mantenimiento y vida cotidiana

El Parque Hundido es administrado actualmente por la alcaldía Benito Juárez y forma parte del catálogo de espacios culturales del INBA. Su mantenimiento incluye podas estacionales, limpieza de los senderos, conservación de las réplicas escultóricas y reposición del macizo floral del reloj —tareas distribuidas entre la alcaldía y los proveedores especializados.

El parque tiene horario abierto las 24 horas. Cuenta con un anfiteatro al aire libre que ocasionalmente alberga presentaciones musicales y actividades culturales programadas, así como un área canina sin correa popular entre los vecinos del Valle, Insurgentes Mixcoac y Extremadura. La estación del Metrobús sobre Insurgentes lleva el mismo nombre del parque.

Su situación bajo el nivel de la calle ha sido a la vez bendición y reto: protege del ruido vehicular pero requiere atención hidráulica especial durante temporada de lluvias. La alcaldía mantiene programas activos de mantenimiento de drenaje y conservación de la cobertura forestal.